Alejandra Martínez Spíndola


¡Vámonos al Istmo de Tehuantepec!
Cuando surgió la propuesta de ir por esas tierras zapotecas tenía un poco de miedo, porque no ha parado de temblar, pero me llené de optimismo y confianza para ir a uno de mis lugares favoritos y, créanme, valió la pena!

Saliendo de la ciudad de Oaxaca, la carretera realmente está en buenas condiciones, así que una vez iniciado el viaje, la parada obligada es en San Pedro Totolapan, para tomarse un café de olla con pan de la región y degustar los tradicionales almuerzos oaxaqueños, como el chicharrón en salsa o un delicioso tasajo con frijolitos y tortillas acabadas de hacer en el comal. Como soy la DJ oficial de los viajes, tengo listo el repertorio musical, tan versátil que en el trayecto se escucharán los acordes ochenteros, las canciones infaltables de los Ángeles Azules, los éxitos actuales y por supuesto, La Llorona, La Sandunga y La Martiniana para ir entrando en ambiente.

Según la hora en que hagan el viaje, otra opción para comer es en Jalapa del Marqués, donde podrán saborear truchas y langostinos, además de platillos típicos.

Para dar la bienvenida a los visitantes está la escultura de acero de 9 metros de altura “La Tehuana”, que rinde homenaje a las mujeres istmeñas, trabajadoras, incansables y con un porte inigualable. Santo Domingo Tehuantepec es de las zonas menos dañadas y cuenta con varias opciones de hoteles; recomiendo reservar con anticipación y desde ahí trasladarse a Mixtequilla, conocida como la Venecia del Istmo (20 min), San Blas Atempa, para admirar su templo, comprar huipiles y totopos (10 min), Salina Cruz, importante puerto aduanero y petrolero (20 min), la zona huave, como San Dionisio del Mar, San Mateo del Mar o Santa María del Mar (1 hora) y por supuesto, ir al ojo de agua de Magdalena Tlacotepec (1 hora).
La Heroica ciudad de Juchitán de Zaragoza queda a unos 25 minutos de Tehuantepec y por el momento sólo hay 3 hoteles en servicio (Xcaanda, Santo Domingo y López Lena Palace). Debo confesar que ese día no tuve el valor de ir a recorrer sus calles; honestamente prefierí quedarme con el recuerdo del Juchitán entero que conocí, con la imagen de Na Alicia haciendo mis garnachas y sirviéndome el champurrado. En ese mercado lleno de colores, me volví ágil, para poder recorrerlo en el tiempo prometido (te juro que sólo me tardo 20 minutos) pero no hay tiempo que alcance para ver los textiles, esos maravillosos bordados a mano, con aguja o con gancho, para tocar esas cadenillas, para elegir listones de seda o refajos de guipure, ni para admirar los bejucos y joyas regionales.

Me acuerdo y me da nostalgia, pero la gente tiene tantas ganas de salir adelante que ha improvisado sus puestos en el parque central, así que siguen vendiendo sus productos; los istmeños no se dan por vencidos y con mucho entusiasmo van recuperándose de la zarandeada, de los daños materiales y emocionales que sufrieron.

Visiten el Istmo de Tehuantepec y ayuden a reactivar su economía, es un lugar mágico donde se conservan costumbres ancestrales y sigue viva la tradición y cultura autóctona.

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